Hipótesis sobre la relación del actor con la metáfora surrealista


El o los autores que elegirán los integrantes de Teatro de los Sueños serán surrealistas, pudiendo ser de cualquier campo del arte; incluso podrán elegir obras que les pertenezcan a ellos mismos. Nos volcaremos de lleno al surrealismo. En principio solo buscaremos que los actores acerquen técnicamente sus cuerpos a la posibilidad de encarnar la metáfora, la imagen, el apunte de resolución que resuelve el invisible concepto en figura, la condensación formal que le da un nuevo ontos al encarnarse en un cuerpo. Es así y solo así, que se arrojan  nuevos complementos de mundo al mundo y son recibidos y alojados por él, de modo placentero y amoroso… es como si el mundo los hubiese estado esperando desde siempre.

v  ¿Qué cuerpo contiene a esa metáfora o a esa textualidad metafórica?

·         ¿Cómo cambia el cuerpo para contenerlo/s?
·         ¿Cómo cambia el cuerpo por contenerlo/s?
·         ¿Cómo ama cambiar el cuerpo en virtud de su deseo de contenerlo/s?

v  ¿Qué metáfora o que textualidad metafórica contiene a ese cuerpo?

·         ¿Cómo cambia la metáfora o la textualidad para contenerlo?
·         ¿Cómo cambia la metáfora o la textualidad por contenerlo?
·         ¿Cómo ama cambiar la metáfora o la textualidad en virtud de su deseo de contenerlo?

Hipótesis:

En realidad, podemos arriesgar a priori, que los cambios pueden ser únicamente del cuerpo, pues ¿cómo podría la metáfora poseer el grado de autonomía suficiente para buscar, explorar, el modo de encarnarse en un cuerpo, en ejercicio de una voluntad que le fuese propia? Sin embargo, y siguiendo a Umberto Eco, como complemento de mundo, la metáfora se independiza lo suficiente, como para que de ella se diga: “… es la metáfora la que conoce al mundo…”.

Todo instrumento debe ser una especie de “sexópata”, el piano debe morir por ser tocado, la metáfora debe desear ser encarnada, desea penetrar y ser penetrada, acariciar y ser acariciada, besar y ser besada. Y es, entonces, que abandona su ser meramente instrumental, para fundirse, fusionarse con el cuerpo. Para hacer el amor con el cuerpo y llegar a un orgasmo perfecto, a una petite morte compartida, en la que ambos llegan a una transformación, a una transustanciación, creando una singularidad, que dará a luz a una nueva metáfora.

Ahora bien, las metáforas no andan caminando por las calles, jamás una metáfora es atropellada por un auto. No tocan el timbre de nuestra casa y nos piden pasar. Por lo tanto en esta pareja, somos nosotros los que tenemos el rol activo a la hora de propiciar el encuentro, pero una vez que nos hayamos encontrado, podremos cederle el rol activo a la metáfora y viceversa… sucesiva y dialógicamente.

Es necesario - por ende - asignarle vida a la metáfora.

Es necesario asignarle vida independiente y libre albedrío a la metáfora, antropomorfizarla en su modo de relación con el actor.

Por ejemplo: El poema me mira, al poema le gusto, el poema me habla, cuanto más me conoce más le gusto, el poema intenta seducirme, yo hago lo mismo con él, lo seduzco, lo cortejo, lo amo. Cuando no estoy con él… lo extraño. O: Cuando el poema me mira, siento un frío extremo recorriéndome la espalda, percibo a la distancia sus afiladas y largas uñas rasgando mi piel, hay algo oscuro y profundo en él, sin embargo sé que nos conocemos desde hace siglos y que debemos encontrarnos, mirarme en sus ojos es el único camino disponible para exorcizar mis miedos más hondos. O: Mi sueño me habla, soy yo en otro tiempo, tal vez en otra dimensión, dialogo conmigo, me cuento cosas que despierto no sé.

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